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20
MAY
2015

El Gobierno reconoce el trabajo de las rederas con acreditaciones profesionales

El oficio de las rederas es tan viejo como el de los pescadores. Sin embargo, pocos se acuerdan de ellas. Hasta ayer, cuando su oficio se convirtió en profesión gracias a un certificado regulador expedido por el Ministerio de Empleo, y que fue entregado a veintiuna cántabras y una asturiana en el Palacio de Festivales. Solo ellas. Sin familia ni amigos que las acompañaran. Es su lucha y por ello «nuestro mérito». Su entusiasmo y satisfacción llenaron la Sala Griega.

A partir de ahora, todo el que quiera ser redero en la región deberá participar en un curso de formación, tras el cual se entregará un certificado que acredita su profesionalidad, y que se imparte en la Escuela de Formación Profesional Náutico Pesquera. El primer paso para «hacernos visibles y obtener los derechos que nos corresponden está dado», indicó la presidenta de la Asociación de Rederas de Bajura de Cantabria (Arebaca), Concepción Aguirre. Su siguiente reivindicación: la baja por enfermedad laboral y el coeficiente reductor, como cualquier trabajador de la mar (que permite jubilarse hasta diez años antes que un trabajador del régimen general). Cada puerto tiene sus propias normas y se rige por sus reglas. En Santoña y Colindres, hace cerca de cuatro años «que en invierno ya no trabajamos a la intemperie. Entre el 1 de abril y el 1 de noviembre, reparamos las redes en el puerto, pero cuando llega mal tiempo, cuando el frío, la lluvia y la humedad no hay forma de pararla y se te mete hasta los huesos, nos subimos a una nave», explicó Manoli Amate.A1-43800187.JPG

Sin embargo, en Laredo, «al trabajar cada una para los barcos de nuestros familiares, las cosas son distintas. Nosotras seguimos cosiendo a techo descubierto. Cuando llueve, nos ponen unos toldos, lo que nos obliga a ir mucho más abrigadas, porque no puedes permitir que se te meta el agua en el cuerpo», explicó Marián Sáinz.

Pero todo ello tiene sus consecuencias. Las manos de estas veintidós mujeres olían a crema. Son firmes, pero se mueven con dulzura. Manicuras perfectas que no impedían disimular una artrosis en la mayoría de ellas, al igual que otros problemas, como el que ataca a sus columnas vertebrales o los fuertes reúmas que padecen. Por todo ello consideran «esencial que se nos dé la baja por enfermedad laboral», apuntó Aguirre.

Casi todas estas rederas trabajan ocho horas como mínimo (salvo en Santoña, que son siete), pero las jornadas se suelen alargar «hasta doce horas. Depende de la temporada. En la primavera, con el verdel y el bocarte, la actividad es frenética», indicó Clari Saiz, de Colindres, donde no se pagan las horas extras, al contrario que en Santoña. Pero luego está el caso de mujeres como Julia Antonia Pardo, que, aunque también es de Santoña, trabaja para el barco de su marido «y no existe ni calendario y horario. Yo trabajo cuándo hace falta y el tiempo que sea preciso». A pesar de la dureza de su profesión hay algo en lo que todas coinciden: «Adoramos lo que hacemos. No se entendería de otra manera».

El esfuerzo de todas ellas también fue reconocido por el presidente de Cantabria, Ignacio Diego, quien les entregó los certificados: «Es algo que os merecéis. Sois gente que lleváis muchos años trabajando en algo que no es sencillo, que requiere destreza, y un conocimiento que habéis adquirido de otras».

Fuente: El Diario Montañés

Enlace: http://www.eldiariomontanes.es/cantabria/201505/20/gobierno-reconoce-trabajo-rederas-20150520000118-v.html

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